Profanan sagrario de iglesia en Maracaibo y roban hostias consagradas

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CAMINEO.INFO.-  Durante la madrugada de ayer, unos criminales perpetraron un hurto en la iglesia Nuestra Señora de la Consolación, ubicada en la avenida 4 Bella Vista, con calle 79 en Maracaibo, Venezuela.

Los maleantes se llevaron dos copones grandes con hostias consagradas, el viril que se usa para los jueves eucarísticos, el leccionario de la palabra de Dios y algunos micrófonos y cables del sistema del sonido del templo.

El párroco, Fray Gilberto Urbáez, explicó que las pérdidas materiales no se equiparan con el sacrilegio cometido. Explicó que los copones solo tenían un baño de oro.

Los delincuentes cortaron los cables eléctricos, abrieron un hueco a una de las puertas laterales y lanzaron piedras a una ventana, al parecer para descartar la existencia de alarmas.

Detalles del crimen

Alrededor de las 2:00 de la madrugada, el vigilante del templo notificó a las autoridades sobre el hecho. Funcionarios del Cuerpo de Policía Bolivariana del Estado Zulia (Cpbez) acudieron al lugar. Según las investigaciones, el proceso de robo corresponde al modus operandi de los «huelepegas». Sin embargo, el padre Gilberto no concuerda con esta sospecha porque se trató de «un robo limpio».

Enfatizó que en esta clase de eventos es tendencia que causen daños mayores en señal de burla. Urbáez también detalló que están a la espera del pronunciamiento del arzobispo de la Arquidiócesis de Maracaibo, monseñor Ubaldo Santana, para decidir la fecha del acto de reparación de desagravio. Hasta entonces no se exhibirá el santísimo en la celebración eucaristía en señal de duelo.

Antecedentes

Es la segunda vez que la iglesia es objeto de robo. El 24 de diciembre se llevaron la bomba del agua. El párroco mencionó que los maleantes no se atrevieron a profanar el templo como esta vez, pero le llamó la atención que no se robaran las unidades de los aires. Van tres iglesias profanadas en menos de cinco meses. En noviembre, robaron coronas de las vírgenes en los templos de Santa Lucía y Los Puertos.

Marcha Solidaria por los damnificados en Perú

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CAMINEO.INFO.- La Marcha por la Vida en Lima, una de las más importantes de América, se transformó el día de ayer en una verdadera Marcha Solidaria en la que se reunió varias toneladas de alimentos, más de 15 mil litros de agua y una serie de artículos necesarios para los damnificados por las lluvias y las inundaciones que afectan al Perú.

Según señala la nota del Arzobispado de Lima, la recolección de las donaciones se realizó en las 100 parroquias que están en la capital peruana, en donde se distribuyeron los más de 3 mil voluntarios de la Marcha por la Vida.

Como se recuerda, la cancelación este año de la Marcha por la vida fue una decisión del Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani, ante los desastres naturales que afectan al país desde enero. En su lugar, la actividad se transformó en una gran colecta por los damnificados.

En su programa radial sabatino Diálogo de Fe, el Cardenal Cipriani explicó que «tenemos un programa de voluntariado que apoya, así como hemos empezado en Carapongo, en varios sitios de Chosica y también de Punta Hermosa, donde hemos instalado comedores, carpas, atención médica».

«La Marcha por la Vida, fiel a su compromiso por la vida, hoy se convierte en una Marcha de Solidaridad con todos los damnificados, porque es la Iglesia la que tiene que vivir con el latir del corazón, no solo de la oración y de los sacramentos, sino también del amor al prójimo con obras», resaltó.

El Purpurado, en el marco de la Solemnidad de la Anunciación de la Virgen María que se celebró el 25 de marzo, dijo que «el homenaje a nuestra madre es un homenaje a todas las madres, es un homenaje a la vida, es un homenaje a todos estos hermanos nuestros»  a los que se quiere ayudar «todo lo posible».

«Que nadie esté solo, que ninguna criatura se quede sola. Para eso estamos haciendo todo lo posible desde aquí. También nos unimos en oración a lo que están haciendo hermanos nuestros en Piura, Chiclayo, Trujillo», agregó.

A la fecha, 85 personas han fallecido y otras 111.283 han quedado damnificadas según el último reporte del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional. Las miles de personas damnificadas .

El cardenal Cañizares pide a los legisladores compromiso en favor de la vida

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CAMINEO.INFO.- El cardenal Cañizares ha pedido a los legisladores compromiso en favor de la vida, durante la celebración hoy en la Catedral de una eucaristía con motivo el Día Internacional de la Vida, dentro de los actos programados en la “Semana por la Vida”

Así, el arzobispo de Valencia ha asegurado que en el mundo actual “son muchos los hechos y corrientes de pensamiento en la cultura dominante que están reclamando la necesidad de una profunda reconstrucción del mundo” para que sea conducido “por las sendas de la humanidad verdadera”

En este sentido, ha señalado en su homilía que “la clave para esa recuperación de la persona humana es el encuentro con Jesucristo”. Por eso, ha añadido,  la reconstrucción del mundo y la nueva evangelización “son dos caras de una misma realidad”. “No habrá reconstrucción de esta humanidad sin una nueva evangelización y tampoco habrá una evangelización que no generase una humanidad nueva”, ha precisado. 

Asimismo, durante la eucaristía, que se celebra en el marco de la solemnidad litúrgica de la Anunciación del Señor, el cardenal Cañizares ha señalado que es necesario afirmar con el testimonio, que “queremos abrirnos a Cristo para que llene nuestro corazón con su luz, nos abra los ojos a la Verdad y la defendamos”, haciendo referencia a las madres gestantes presentes que “dais testimonios de que queréis la vida”.

Al finalizar la celebración, el Cardenal ha bendecido a las mujeres embarazadas y familias, que han participado en la “Jornada por la Vida”, este año bajo el lema ´La luz de la fe ilumina el atardecer de la vida`.

Antes de la misa, el Arzobispo ha entregado en el Palacio Arzobispal los premios de la séptima edición del concurso de dibujo infantil sobre la vida de la entidad “Torrent Sí a la Vida”.

Además de la eucaristía, ha tenido lugar en la plaza de la Virgen un “flashmob” en defensa de la vida y una “Velada por la Vida” así como un concierto benéfico de gospel en el Ateneo Mercantil de Valencia, organizado por la asociación “La luz de la Vida”.

Los actos de la “Semana por la Vida”, que concluirá el próximo 29 de marzo, han sido organizados por la plataforma “Sí a la Vida”, constituida por diversas entidades cívicas y sociales, en colaboración con la delegación diocesana de Familia del Arzobispado y Casa Cuna Santa Isabel, han señalado fuentes de la plataforma.

ABRIR LOS OJOS A LA LUZ DE CRISTO

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CAMINEO.INFO.- En este cuarto domingo de Cuaresma escucharemos el Evangelio de aquel ciego a quien Cristo regaló la luz. Luz es verdad, pasión y hermosura; vida palpitante en amor; sinceridad y transparencia; alma y espíritu atraídos por la Altura; pureza. Tinieblas significa lo contrario. No hay otra luz que la que viene de su fuente: Dios; no hay otra luz que el que viene de junto al Padre Jesucristo, luz del mundo, que cura y disipa toda ceguera y oscuridad, luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, quien se encuentra con El y le sigue es liberado de la ceguera de la ignorancia y de la incredulidad, no camina en tinieblas, sino como hijo de la luz en toda bondad, justicia y verdad. Cuando el ciego se encontró con Jesús cambió de raíz. Toda su vida se iluminó.

Nótense los personajes de la escena de la curación de este relato evangélico en torno a Jesús: el ciego le es dócil (ve y se compromete); los fariseos (oposición obcecada); la familia del ciego (el interés por encima de la verdad, los que no se quieren comprometer con la Verdad por miedo a los fariseos). El papel que juegan los fariseos es el del pecado contra el Espíritu; cerrar los ojos para no ver la luz; ser árbitros y no discípulos de la Verdad; autosuficiencia intelectual humana, ceguera incurable en la fe. El mendigo, en cambio, sabía que era ciego: sin culpa. Dócil al camino de las cosas sencillas, personificación del pueblo de los sencillos. Se encuentra con Jesús. Se fía de Él, lo acoge. Cree en Él: “Creo, Señor; y se postró ante Él”. Se confía a Jesús, acepta su palabra y su luz. Descubre a Jesús paso a paso; cumple sus indicaciones; acepta su Palabra; lo confiesa y adora. El ciego, iluminado, da testimonio de Jesús con sus ojos abiertos y su palabra: cuenta lo que le ha sucedido, la liberación de su ceguera; inflexible ante la presión social; agradece, cree, adora, testifica y anuncia. Su vida cambiada se convertirá en un signo del poder de Jesús.

El mundo necesita ver

Aquí está la clave de todo: acercarse a Cristo, encontrarse con Él, llevar a los hombres hasta Él, llevarles a la luz que es Cristo. Nada de lo humano le es ajeno a Él. Es la clave para ver y comprender esa gran y fundamental realidad que es el hombre. No se puede comprender y ver al hombre hasta el fondo sin Cristo. O más bien, el hombre no es capaz de verse a sí mismo, de comprenderse a sí mismo hasta el fondo y llegar a ser lo que es y está llamado a ser hasta el fondo sin Cristo. No puede entender quién es, ni cuál es su verdadera dignidad, ni cuál es su vocación, ni su destino final. No puede ver y entender todo esto sin Cristo. Y por esto no se puede excluir a Cristo de la historia del hombre en ninguna parte. Excluir a Cristo de la historia del hombre es un acto contra el hombre; la historia de cada hombre se desarrolla en Jesucristo; en Él se hace historia de salvación.

Todo hombre, también el hombre roto de hoy, las nuevas generaciones, todo lo humano, la cultura y las culturas en las que se expresan las búsquedas e inquietudes de la humanidad –también la cultura quebrada de nuestra época– están hechos para el encuentro con Cristo, y sólo en Cristo podrán encontrar el camino de la realización plena de la propia humanidad. El mundo actual necesita ver; reclama una profunda reconstrucción para que pueda tener otras miradas que le conduzcan por sendas de humanidad verdadera. Esta reconstrucción ha de empezar por la recuperación de la persona humana. La clave para esa recuperación es el encuentro con Jesucristo, el Redentor del hombre, el que nos guía y nos hace participar de la verdad que libera. Por ello, no habrá reconstrucción sin una nueva evangelización. y al revés, una evangelización que no generase una humanidad nueva, una nueva cultura no sería una evangelización verdadera.

La tarea es enorme, pero tenemos todos los motivos del mundo para la esperanza: en medio de la gran dificultad del momento, el drama del corazón humano permanece ahí, y ese corazón humano está hecho para el encuentro con Cristo, sus ojos están hechos para ver la luz y abrirse a la verdad, que es Cristo, el corazón del hombre está para que le vea y le siga.

Encontrarse con Cristo

Propiciar el encuentro con Cristo en persona es la razón de ser fundamental de la Iglesia. Si uno se queda detenido en ideales y valores, por muy atractivos que éstos sean y no se encuentra con la persona misma de Jesucristo y se confía a Él, no ha llegado hasta el final para ver y comprenderse en toda su hondura y grandeza.

La evangelización de nuestra sociedad no puede dejar de tener en cuenta las peculiares condiciones del momento histórico que vivimos. Hemos de asumir que los cristianos nos hallamos en este mundo nuestro de hoy en una situación de exilio cultural muy semejante a la de las primeras comunidades cristianas en el mundo pagano o judío. Con esta diferencia fundamental: que el cristianismo constituía entonces una novedad, mientras que la sociedad actual cree conocerlo, porque ha leído lo que dicen de él los textos oficiales de la historia. Ha aprendido, por así decirlo, a interpretarlo, en las claves que a él le son familiares, como ideología, como estructura de poder, como sistema abstracto de valores, como sentido estético, o sentimiento afectivo, o vivencia privada. Por desgracia, con mucha frecuencia, los mismos cristianos interpretamos así nuestra propia fe, y ése es quizá el obstáculo más persistente para una nueva evangelización. En vez de juzgar el mundo desde las categorías que nos proporciona la experiencia de la fe, juzgamos la fe desde las categorías del mundo. Para que los hombres, para que las nuevas generaciones de niños y jóvenes, puedan percibir la gracia de Cristo como verdad, como luz, como realidad, en suma, humanamente significativa, es fundamental, por tanto, que nosotros mismos podamos superar las interpretaciones del cristianismo, y remitirnos a los hechos, a lo que nos ha sucedido. Es fundamental que se renueve en nosotros la experiencia de la fe. Que vuelva a darse en nosotros esa sorpresa y esa gratitud sin límite por una gracia presente que sostiene la vida, la gracia de la verdad, que es Cristo, la gracia de la sabiduría de la Cruz. El anuncio cristiano no puede ser un discurso abstracto, sólo puede ser el testimonio de algo que a uno le ha sucedido en la vida, el testimonio de la redención de Cristo, de la que brota una vida nueva, una mirada nueva sobre toda la realidad.

Un testimonio puede ser rechazado o acogido, pero no es algo de lo que se pueda discutir por mucho tiempo: “Yo sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo”. Así, sin hombres y mujeres convertidos a Jesucristo, que se han encontrado con El y se han dejado iluminar por El, como Camino, Verdad y Vida no cabe una Presencia evangelizadora de la Iglesia en el mundo, para que el mundo crea, para que el mundo se abra a la Luz y vea. “Caminemos como hijos de la luz; demos frutos de la luz: bondad, justicia, verdad; busquemos lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras de las tinieblas, sino más bien denunciándolas. Que Dios nos ayude a todos y nos dejemos ayudar por Él.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Décimo aniversario de la muerte de monseñor Romero Pose: «Lo importante es la oración»

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CAMINEO.INFO.-

El 25 de marzo del año 2007 moría don Eugenio Romero Pose, que fue durante diez años obispo auxiliar de Madrid. Hoy, diez años después de su muerte, son muchas las personas que conservan su recuerdo y lo llevan en el corazón. Próximamente la Iglesia en Madrid celebrará este aniversario con una Eucaristía en la cripta de la Almudena, presidida por el cardenal Osoro.

María Pilar Herrero, catequista de la parroquia Nuestra Señora de Sonsoles, conoció a don Eugenio durante la preparación de la peregrinación de jóvenes a Santiago de Compostela, y su primera impresión fue de «cercanía y sencillez. Y cómo ofrecía su amistad: una vez que lo conocías ya se hacía amigo tuyo. Era muy sencillo y humilde, y al mismo tiempo muy sabio, dos cosas que no son fáciles de conjugar», asegura.

Con los años, esa amistad fue consolidándose, y Pilar fue recopilando retazos de sus conversaciones y encuentros con él. «Don Eugenio vivía una unión grande con el Señor. Yo tuve la suerte de escuchar de él algún testimonio que nunca olvidaré. Un día me dijo: “Vivo tanto la cercanía del Señor que a veces digo: Aparéceteme, y solo me falta que se abra la puerta y encontrarme cara a cara con Él”. Y también me dijo una vez: “Cuanto más confío en Él, más veo lo pobre que soy, pero yo pobre y tú pobre vamos caminando los dos hacia ese corazón misericordioso de Dios”».

Un día en que tenía que ordenar a un religioso que se iba a misiones, don Eugenio le confesó: «Como duermo poco, me levanté muy temprano y comencé la oración sacerdotal, y así, en silencio, estuve en oración muchas horas. ¿No te parece que fue el mejor regalo que pude hacer a ese religioso? Porque las palabras sobran, lo importante es la oración». Pilar también recuerda otro día en que con varios amigos de la parroquia visitó al obispo auxiliar de Madrid: «Nos enseñó la capilla y me dijo: “Mira Pilar, aquí paso yo los ratos con el Señor”. Entonces comprendí de dónde sacaba él la fuerza para llevar con tanta alegría su enfermedad».

En el año 2004, cuando el cáncer ya le estaba dando batalla, don Eugenio reconocía a Pilar que «el otro día me hicieron una prueba muy dolorosa, se me caían las lágrimas. Estaban el médico y otras dos jóvenes médicas, las apreté las manos y les dije: “Dios te ama”. Pero una de ellas no debió de entenderme y yo le dije: “No importa, Dios te ama”».

Unos kilómetros con el obispo

¿Sería posible abrir un proceso de canonización de monseñor Romero Pose? Alberto Fernández, delegado de las Causas de los Santos de Madrid, responde que «la apertura de un proceso no es propiamente una decisión personal del obispo, sino que nace de escuchar la voz de los fieles. No solo es necesario tener la certeza de que una persona vivió santamente, sino que se requiere además que la fama de santidad esté presente en una parte significativa del pueblo de Dios y que crezca con el paso del tiempo: que cada vez haya más personas que se encomienden de modo privado a su intercesión, que su sepulcro reciba visitas, que su memoria permanezca viva en la Iglesia…».

En este sentido, el mismo Alberto Fernández afirma que «para mí don Eugenio es un luminoso ejemplo de amor al Señor, de trabajo oculto, de verdadero servicio a la Iglesia», y ofrece para atestiguarlo su propia experiencia personal: «Antes de encontrarme con el Señor, mi visión de la Iglesia era algo oscura, y me dejaba llevar por los prejuicios típicos que se suelen escuchar. Así llegué al Camino de Santiago que organizó la diócesis de Madrid en el verano del 2004, al que también acudió don Eugenio. Yo no sabía quién era, y mucho menos que era uno de los obispos auxiliares. Pero durante un largo trayecto de la etapa que llegaba a Sobrado de los Monjes se puso a caminar a mi lado, con toda sencillez. Me cogió del hombro, como si quisiera apoyar su cansancio y su debilidad, ya tocada por la enfermedad, sobre mí. No me acuerdo cuál fue la conversación, pero recuerdo perfectamente esta imagen: un señor mayor que me acompañaba, que ponía su brazo sobre mis hombros, pero que misteriosamente me sostenía a mí. Cuando esa tarde vi que el hombre que me había acompañado presidía la Eucaristía, mis prejuicios sobre los obispos como seres oscuros y lejanos comenzaron a derrumbarse».

Alberto, que conserva en casa una fotografía de ambos juntos, considera ese momento con don Eugenio como «el inicio de mi regreso a la Iglesia, a mi casa. No puedo estar más agradecido a Dios por ese pequeño trayecto de camino con don Eugenio».

La gracia de la enfermedad

Monseñor Romero Pose escribió este testimonio en la Cuaresma del año 2003, un año antes de morir, en la publicación litúrgica Magnificat:

«Tu gracia vale más que la vida»: son palabras del salmista que monseñor Eugenio se tienen como verdaderas cuando te sientes bendecido Romero Pose, por la enfermedad y tocas los límites de tu caducidad. Sentir el hielo de la debilidad, del cuerpo que se rompe, de la mente que se oscurece, de la corruptibilidad que se adueña de lo que uno creía poseer, adquieren nuevo sentido cuando se abren los ojos a la verdad del dolor. Y únicamente uno puede mirar hacia delante, y salir de la espiral del absurdo, cuando en la oración deja que el corazón acoja la luz de quien sufrió y saboreó las hieles del sufrimiento hasta el extremo.

Al sentir la incapacidad inexorable de que en la enfermedad no eres tú dueño ni de la vida ni de la muerte, entonces, sólo entonces, levantas los ojos a lo Alto y recibes el bálsamo que hace más dulce la existencia. Miras hacia adentro y hallas a Aquel que, el primero en todo, no se negó a entregarse a un fin no definitivo que abre las puertas a una vida en plenitud.

La enfermedad es profecía de la muerte; la muerte que adviene es experiencia que nos hace tocar fondo la pequeñez, para que podamos esperar la nueva vida, y, esperándola, la agradezcamos. No se aprecia la vida si no se acepta la muerte. Esperar la plenitud de la vida es dejar que el miedo a la muerte no aprisione alma y corazón. Vivir la enfermedad, no matar la ternura que con ella nace, es dejar que hable la verdad de la vida y decir No a la mentira. Esconder y no contemplar la enfermedad es obligar a que para siempre se enmudezca la palabra verdadera.

Padre bueno, que a todo y a todos nos has dado la vida para que supiéramos de tu amor. Padre Creador, me ha desbordado tu querer; tantas veces mi incapacidad de tenerte, y tener en mis manos los dones que Tú me ofrecías en las Tuyas, me distanció de Ti. Yo sé que, aunque me aleje, nunca dejarás que escape del cuenco de Tus Manos creadoras.

Llegó a mis oídos la dulzura con la que volviste la mirada a tu Adán, enfermo y extraviado en un paraíso que creyó era sólo suyo. Sé cómo tu siervo Job, en el silencio del abandono, se mantuvo en la vida gracias a tu apoyo. Llegó hasta mis ojos la cercanía de tu ser y estar en los enfermos, pobres y débiles, que tu Hijo, Jesucristo, encontraba y curaba en los caminos de Galilea, Samaría y Judea. Sigo sintiendo la Mano sanadora del Nazareno que, más que nadie, saboreó el sufrimiento, la oscuridad del dolor, la entrega a la muerte, cuya manifestación es la gloria de Dios. Tuya, Señor Jesús, es la gloria del Padre, la que clarifica la carne que sufre, la que abre horizontes infinitos, la que regala la comunión que salva y que ofrece la incorruptibilidad. Gracias a tu Cruz, la Humanidad es transformada por el Espíritu de Vida.

Te pido, Señor, que sepa, en el dolor, pedirte el Espíritu, para que mi vida, en esta peregrinación que un día se acabará, y mi muerte estén en tu Cruz. Tiéndeme Tu Mano, para que contigo, a pesar de la oscuridad del camino, tenga la sencilla certeza de abrir un día los ojos y verte a Ti a la derecha del Padre con el Espíritu Santo. Muchos atardeceres, al ganarme el sueño, aguardaba encontrarte en la mañana que nunca tiene fin. Pero sólo Tú, Señor de mi vida y enfermedad, sabes cuándo es el día que jamás tendrá ocaso. Mientras tanto, déjame que no te deje y que dé gracias, porque cada instante es un milagro en la espera de otro mayor: la vida eterna, vivir contigo.

Me abandono, enfermo y débil, en Tus Manos, que me hicieron, y en las de los hermanos que en el camino del dolor me comunican tu calor. Tus Manos están llenas de misericordia. En ellas me refugio y en ellas me escondo con todos los que sienten el anuncio de que la vida terrena es el comienzo de la otra, en la que la enfermedad y la muerte quedan para siempre vencidas.

Gracias, Señor de mi vida y mi enfermedad, porque me has enseñado que tu gracia vale más que la vida, que la frialdad de la muerte no dejará que se apague el fuego de tu Amor.

El Cardenal Cañizares, a un millar de inmigrantes ucranianos en peregrinación al Santo Cáliz: “estáis en vuestra casa”

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CAMINEO.INFO.- El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha expresado su agradecimiento al millar de católicos ucranianos residentes en España, que ha peregrinado al Santo Cáliz. Al término de una misa en rito bizantino, celebrada en la Catedral de Valencia, el Cardenal ha mostrado su acogida a la comunidad ucraniana: “estáis en vuestra casa, esta Catedral es vuestra casa”.
 
Asimismo, el prelado ha manifestado que entiende su presencia como “un regalo del cielo”, porque aportan toda su “riqueza y tradición” a la Iglesia. Por su parte,  Vasyl Boyko, capellán de los ucranianos en Valencia, se ha referido al Cardenal “como un padre”, que siempre les “acoge de todo corazón” y ha deseado “que el Señor le bendiga, y le tenga muchos años en la tierra”.
 
La eucaristía central de la peregrinación la ha oficiado, en rito bizantino y en lengua ucraniana, el secretario de la congregación para Iglesias orientales, Vasil Ciril. Ha sido concelebrada por sacerdotes ucranianos que viven en España, y en ella ha intervenido un coro de ucranianos residentes en la capital del Turia.
 
Han acudido peregrinos ucranianos procedentes de 15 ciudades españolas, entre ellas Barcelona, Sevilla, Alicante, Murcia, Córdoba y Málaga, además de Valencia. Actualmente residen en España alrededor de 88.000 ciudadanos procedentes de Ucrania, 6.500 de ellos en la diócesis de Valencia

IV Domingo de Cuaresma

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CAMINEO.INFO.-

SAMUEL
16, lb. 6-7. 10-13a
Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
EFESIOS 5, 8-14
JUAN 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

Dice el Papa Francisco
comentando este evangelio: “M
ientras que el ciego se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la
ley, al contrario, se hunden cada vez más en su ceguera interior. Cerrados en
su presunción, creen tener ya la luz; por ello no se abren a la verdad de
Jesús. Hacen todo lo posible por negar la evidencia
.”

 

El problema de los fariseos es que creen tener ya la luz total, creen que ya
no les hace falta nada más, que ya van bien, que ya están cumpliendo, y, por
tanto, no están abiertos a avanzar, a hacer camino, a dejarse interpelar por lo
que escuchan o ven.

 

El problema de los fariseos es nuestro problema, que nos creemos tener ya
la luz total, creemos que ya no nos hace falta nada más, que ya vamos bien, que
ya estamos cumpliendo, y, por tanto, no estamos abiertos a avanzar, a hacer camino,
a dejarnos interpelar por lo que sentimos o vemos.

 

Dice el Papa Benedicto, comentando este evangelio: “Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos
la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo
que la Biblia llama el “gran pecado” (cf. Sal 19,
14): el orgullo
.”

El problema es el orgullo, la soberbia, el fariseo que llevamos dentro y
que nos dice que nosotros ya somos buenos, que no somos como los demás, que ya
estamos bien, que ya tenemos la luz…

 

He estado de Ejercicios Espirituales, y gracias a Dios, Jesús me ha mostrado
aspectos de mi vida en los que estoy lejos de Dios. El Señor, dentro de una
experiencia de amor, me ha mostrado maneras de ser que me dificultan ser discípulo
suyo… ¡¡Y que te muestre esto, es fantástico, porque te lleva a la apertura a
Él!!

 

Dice Jesús: “Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado,
pero como decís que veis, vuestro pecado persiste”
, ¿cuál es el origen de
su problema? ¡¡
El problema es creer que tienes
la luz!! El problema es el orgullo, la soberbia, la autosuficiencia, es el “yo ya
sé”… Sacamos a Jesús del pedestal y nos ponemos nosotros (sal de aquí, que ya
me pongo yo).

 

El gran riesgo es acabar encerrando a Dios
dentro de  nuestra realidad sin redimir. Y,
entonces, somos nosotros los que damos forma y contenido a la revelación de Dios.

 

Entonces, palabras como “conversión”
“seguimiento” “hacer la voluntad de Dios”, “palabra de Dios”, “evangelizador”, resultan
vacías…

 

Dice el Papa Francisco, hoy va de Papas J, en el documento con el cual cierra el año de
la misericordia, “Miseria et misericordia” dice: “por nuestra miseria entra su misericordia”. ¡¡Qué bonito!! Por el
“agujero” de nuestra miseria entra su misericordia. Si no reconocemos nuestra
pequeñez, nuestra miseria, Dios no puede entrar.

 

Dejemos a los fariseos y pongamos el foco en el ciego. Como la Samaritana, el ciego de nacimiento hace un proceso
de fe, y lo hace dialogando con Jesús. Nuestra fe avanza en el diálogo con
Jesús.

 

El ciego empieza hablando de Jesús como “Ese
hombre”
, más adelante dirá: “Que es
un profeta
”, y finalmente, acaba confesando su fe en el Hijo del hombre y
adora a Jesús. Es el proceso que de una manera o de otra, tendríamos que hacer
todos nosotros:

.     Reconocemos a Jesús como un gran hombre,
excepcional por su vida y su mensaje.

.     Lo descubrimos como profeta, que habla y
actúa en nombre de Dios.

.     Lo confesamos como Hijo de Dios cuando lo
dejamos entrar en nuestra vida. Y nos relacionamos con Él, y tenemos con Él un
trato de amistad.

 

Hace poco, en el despacho tuve una conversación curiosa: una persona ya un poco
mayor, me dijo que creía mucho en Dios y yo le pregunté: pero, ¿amas a Jesús? Se
quedó muda… Dios teórico… donde aún yendo a misa no ha entrado en el corazón…

 

Cuando éramos pequeños y nos educaron cristianamente, nos vinieron a decir:
“has de ir a misa, has de seguir unos mandamientos, una moral, y, así eres cristiano”.
Pero, esto, en muchos casos, no funciona, porque falta lo que da solidez a todo
esto, que es el encuentro personal con Jesucristo.

 

¿De pequeños de qué os hablaban de cumplir o de encontrarse con Cristo? A mí,
de cumplir.

 

Desde nuestra ceguera acerquémonos a Jesús…

¿Quien es el Padre Farnés?

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El Camino Neocatecumenal no podría haber nacido ni se podría haber
desarrollado sin uno de sus tres fundamentos: La liturgia. Para muchos
es desconocido sin embargo cómo los iniciadores del Camino, Kiko
Argüello y Carmen Hernández, después de la experiencia en las barracas
de Madrid, entraron en contacto con toda la renovación litúrgica del
Concilio Vaticano II que se estaba produciendo en aquellos mismos años.
No en vano ‘La renovación litúrgica es el fruto más visible de la obra
conciliar’ como habían aseverado y constatado los obispos del mundo al
concluir el Sínodo de 1985, dedicado a la evaluación de los primeros
veinte años de aplicación de las orientaciones y directrices del
Vaticano II, y esa renovación coincidió con una experiencia comunitaria
que traspasó las fronteras periféricas de un suburbio para implantarse
en miles de parroquias de todo el mundo.
La cuestión litúrgica dentro del Camino, sobretodo la Eucarística, ha
sido y es posiblemente una de las más criticadas en todos sus
planteamientos: pastoral, eclesiológico, doctrinal, catequético… Las
primeras comunidades nacidas en Madrid y Roma en las postrimerías del
Concilio, celebraban la Eucaristía de una manera muy particular:
celebraciones el sábado por la noche, en pequeñas comunidades, fuera de
las grandes asambleas de la parroquia, con la participación de los
fieles mediante moniciones, ecos, preces… con una disposición del
espacio de una manera novedosa, con el altar en el centro, comulgando
con las dos especies, con pan ácimo, desde el mismo sitio, adelanto del
saludo antes de la paz… Muchas de esas prácticas, con el paso de los
años y el crecimiento y expansión del Camino, habían sido consideradas
por lo más críticos, fruto del desconocimiento o el pre-juicio, como
invenciones e innovaciones propias del capricho de unos laicos que
actuaban como pseudo-liturgistas y que, amparados por el ‘caos’
Conciliar en esta materia, se habían aprovechado para introducir a su
libre arbitrio elementos inventados en la liturgia, algunos de cariz
protestante, otros aparentemente judaizantes, y que, en su parecer,
atentaban contra la tradición y el Magisterio. 

El P. Farnés saludando al Papa Benedicto XVI en una Audiencia con el Camino Neocatecumenal.
A pesar de los años transcurridos desde el nacimiento de las primeras
comunidades y de todo el estudio con las subsiguientes aprobaciones
realizado en más de 40 años por la Santa Sede a través de las
Congregaciones pertinentes, todavía existen fieles, sacerdotes, incluso
Obispos que dudan de la validez de tales celebraciones, y que siguen
creyendo que Kiko y Carmen no son más que los inventores de un ‘rito
neocatecumenal’ de tintes judío-protestantes, que nada tienen que ver
con la liturgia católica. Nada más lejos de la realidad. Tales juicios
deben ser sostenidos únicamente por un profundo desconocimiento de la
amplitud de la liturgia de la Iglesia en lo que respecta a su historia y
prácticas milenarias, así como el fondo y la forma de la renovación
Conciliar, y el modo y sentido de las celebraciones en el Camino con el
seguimiento pastoral y paternal de la Iglesia durante más de cuarenta
años. La celebración Eucarística de las comunidades neocatecumenales no
entra dentro de lo que podría considerarse un rito, dado que siguen las
rúbricas propias del Misal Romano, pero incorporan una serie de
prácticas permitidas por una serie de motivos que deben ser esclarecidos
y desarrollados. Esas diferencias respecto al Rito Romano aprobado en
el Novus Ordo de Pablo VI, no son fruto de una improvisación, ni tienen
su origen en planteamientos alternativos o peregrinos, inventados de
manera artificial, con la intencionalidad de querer ser diferentes
respecto al resto o querer introducir prácticas abusivas en base a
conceptos teológicos erróneos. El Camino es un itinerario de fe católico
como decía San Juan Pablo II surgido para la nueva evangelización,
planteado fundamentalmente para alejados, bautizados no practicantes,
personas con poca o sin ninguna formación cristiana y hasta ateos o
agnósticos, que deben ser introducidos de manera paulatina y progresiva
en los Sagrados Misterios, a través de signos, símbolos y gestos que le
ayuden a comprender poco a poco la grandeza de la fe que se centraliza y
tiene su mayor expresión en el Sacramento Eucarístico. 
El deseo de renovar la liturgia para acercarla a los fieles con la
intención de que vivieran más intensamente el misterio pascual de
nuestro Señor Jesucristo no fue una decisión improvisada del Camino,
sino que era, como lo recordaba San Juan Pablo II en su Carta Encíclica
‘Ecclesia de Eucharistia’ una de las bases para el nacimiento y
desarrollo de la Iglesia: ‘Del misterio pascual nace la Iglesia.
Precisamente por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia
del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial’ (EE nº 3).
Por tanto, para desarrollar una eficaz iniciación cristiana era
absolutamente necesario partir de la base de que sin una renovación
litúrgica que permitiera a los iniciados no solo conocer el misterio,
sino vivirlo, era imposible que se llevara a cabo.
El movimiento litúrgico había aparecido con fuerza en Europa varias
décadas antes, siendo un Papa, San Pío X, uno de sus principales
baluartes. Este Papa sentó las bases para renovar la vida litúrgica de
la Iglesia e inició, con fuerza y eficacia, la restauración del
verdadero sentido del Año Litúrgico por medio sobre todo de la bula
‘Divino Afflatu’, de 1 de noviembre de 1911, que encabeza desde su
pontificado las ediciones del Misal y del Breviario. Fue él quien
restauró la comunión frecuente, o dicho de otra manera, quien propició
la participación plena en la liturgia eucarística (antes de San Pío X
eran poquísimos los fieles que comulgaban, y menos aún los que
comulgaban dentro de la misa). Fue él quien admitió también de nuevo a
los niños en la Mesa eucarística, como subrayando la centralidad de la
economía de la salvación que opera a través de la liturgia de los
sacramentos. El Papa Pío XII dio también nuevos impulsos a la
restauración de un más auténtico sentido del Año Cristiano, del que no
puede olvidarse la renovación de la Vigilia Pascual (1951) y, algo más
tarde, de toda la Semana Santa (1955). Con estos antecedentes llegará el
Papa San Juan XXIII y convocará el Concilio.
El Vaticano II supuso un real cambio en los enfoques del Año Cristiano,
aunque quizá sería más exacto decir que el Concilio, y luego la reforma
litúrgica, han culminado la restauración del Año Cristiano que había
iniciado primero tímidamente el Movimiento litúrgico, luego con fuerza
siempre progresiva las intervenciones de los Papas y, finalmente, el
Vaticano II y la Reforma litúrgica que llevó a término los votos del
Concilio.
Es destacable el hecho de que la primera palabra oficial del Concilio
Vaticano II se refiera a la liturgia y a su necesaria reforma: la
constitución Sacrosanctum Concilium, promulgada el 4 diciembre de 1963.
En ella la liturgia es presentada ante el mundo como la expresión
privilegiada de una Iglesia que busca “acrecentar de día en día entre
los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro
tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo
aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y
fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la
Iglesia. Por eso (este sacrosanto Concilio) cree que le corresponde de
un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia”
(S.C nº 1)
Kiko Argüello con el P. Farnés en la Inauguración de la Corona Mistérica de la Catedral de la Almudena de Madrid
En esta concepción eclesiológica, la liturgia tiene un rol decisivo en
el despliegue del misterio de la Iglesia ad intra, para “los que están
dentro para ser templo santo en el Señor y morada de Dios en el Espíritu
(cf. Ef 2, 21s)”, pero también ad extra, para la misión en el mundo,
por cuanto ella presenta a la Iglesia “a los que están afuera, como
signo levantado en medio de las naciones (cf. Is 11, 12), para que
debajo de él se congreguen en la unidad los hijos de Dios que están
dispersos (Jn 11, 52), hasta que haya un solo rebaño y un solo pastor
(Jn 10, 16)”
Ahora bien, precisamente por eso, y para que esta acción salvífica
divina que acontece en la liturgia pueda experimentarse verdaderamente y
en toda su eficacia, se requiere algo también activo de parte del
sujeto creyente: “que los fieles se acerquen a la sagrada liturgia con
recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y
colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano (…) los
pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no solo
se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino
también para que los fieles participen en ella consciente, activa y
fructuosamente (scienter, actuose et fructuose) (SC nº 11)
Esta participación activa no se debía interpretar en sentido que los
laicos debían estar más presentes en las distintas partes de la Misa,
sino que la acción divina debía ser acogida por ellos de manera
consciente y activa. Al principio de la necesaria “participación” de
los fieles en la liturgia se suma así, inseparablemente, el principio de
la necesaria conciencia o comprensión de lo que acontece en ella,
dentro de su índole misteriosa.
En este ambiente de renovación, restauración, estudio, exégesis…
aparecerán numerosos estudiosos que serán determinantes en estos años
para renovar la liturgia sin romper con la tradición milenaria de la
Iglesia, algunos de los cuales tendrán al mismo tiempo una influencia
directa y determinante sobre la génesis litúrgica del Camino
Neocatecumenal y el desarrollo de una arquitectura y estética en las
parroquias para la vida de las comunidades. 
Entre todos hay una figura que destaca especialmente, como recordaba el
mismo Kiko Argüello en su intervención en la inauguración del curso
académico en el Seminario Conciliar de Barcelona en 2003, un año después
de la aprobación ad experimentum de los Estatutos: ‘cómo Dios ha
construido con Carmen, con el Padre Farnés, conmigo, con muchos de
vosotros, y con todas las comunidades que han empezado, ha construido
estos Estatutos, que hoy el Papa los presenta a toda la Iglesia’. ¿Pero
quién es en realidad el Padre Farnés, al que Kiko Argüello considera
parte esencial en la gestación del Camino Neocatecumenal? 
Pedro Farnés Scherer nace en Barcelona, España, un 16 de agosto del año
1925. España era en aquel momento un país con graves incertidumbres
políticas, sociales y económicas, además de religiosas, que desembocarán
una década después en la guerra civil española, donde habrá una
persecución religiosa en que serán asesinados miles de sacerdotes,
consagrados, Obispos, monjas y fieles laicos. 
Acabada la guerra en el 1939, pocos años después, en 1943 decide entrar
en el Seminario Conciliar de Barcelona para realizar sus estudios
eclesiásticos de filosofía y teología, hasta el año 1950, cuando es
ordenado presbítero el 19 de marzo, día de San José. Nada más ordenarse
será destinado como vicario a una parroquia del pueblo de Sant Just
Desvern, a las afueras de la ciudad, aunque el año 1953 vuelve a
Barcelona como vicario de la parroquia de la Purísima Concepción. En
1955 será nombrado párroco de Montferri, en Tarragona.
Desde su etapa en el Seminario el P. Farnés tendrá una predilección por
la liturgia. No en vano Cataluña había sido un centro importante dentro
del movimiento litúrgico, que había comenzado en España con fuertes
influencias de la abadía benedictina de Solesmes, cuyos monjes
restauraron la abadía de Santo Domingo de Silos, y donde estaba el P.
Gregorí Suñol, futuro abad titular de Santa Cecilia de Montserrat, una
centenaria abadía Benedictina en Cataluña. Fue precisamente en
Montserrat donde tuvo lugar el primer período del movimiento litúrgico
español, con la celebración del Congreso litúrgico de Montserrat en
1915. A través de la restauración del canto gregoriano tuvo lugar
también la renovación de la vida litúrgica. Por este hecho podemos
definir el movimiento litúrgico español como un movimiento de renovación
litúrgico-musical. A la restauración del canto gregoriano correspondía
un nuevo espíritu litúrgico, que se fue introduciendo en la iglesia
española en aquellos primeros años del siglo XX.
En la labor difusora del nuevo espíritu litúrgico influyó de un modo
decisivo la vida litúrgica de las abadías. A través de la liturgia
vivida se expandió el espíritu de renovación al resto de la Iglesia.
Esta labor fue más fácil en Montserrat, pues era el centro espiritual de
Cataluña, y la vida religiosa de toda la región se movía al ritmo de la
vida espiritual de la abadía. También fue en aquellas fechas cuando
empezó a publicarse la revista litúrgica ‘Vida Cristiana’, con notoria
influencia litúrgica de este monasterio de Montserrat. Algunos miembros
del mismo participaron posteriormente de manera activa en las comisiones
del Consilium postconciliar.

Celebración de la Eucaristía con 250 Obispos de América en la convivencia de Nueva York en 1997, donde asistió el P. Farnés
Además en Europa por aquellas mismas fechas aparece otro centro importante para el movimiento litúrgico: Paris. 
En 1943 había surgido el Centro de Pastoral Litúrgica de Paris que fue
decisivo para encauzar y contribuir a promover el movimiento litúrgico
europeo. Al mismo tiempo Le Saulchoir, el gran laboratorio dominico de
investigación en ciencias religiosas y de búsqueda de respuestas
adecuadas a los signos de los tiempos, vivía su momento más brillante e
influyente. 
En este contexto aparece una de las que serán las figuras más
importantes de la renovación litúrgica del Concilio Vaticano II, el P.
Bernard Botte (1883-1980) monje francés de Mont César y que será el
primer director del Instituto Superior de Liturgia de Paris, de 1956 a
1964. El P. Botte había sido uno de los exégetas con mayor prestigio en
lo referente a la historia de la liturgia, y que más había estudiado la
Traditio de S. Hipolito donde se describe uno de los métodos
catecumenales de las primeras comunidades cristianas. En su escrito
sobre el movimiento litúrgico ‘Le mouvement Liturgique: Témoignage et
souvenirs’ (1973) Don Botte ofrece un testimonio personal sobre la
práctica litúrgica al comienzo del siglo XX y los motivos del movimiento
que desembocaron en la reforma Conciliar: “Para comprender un
movimiento hace falta conocer su punto de partid. ¿Cuál era la
práctica litúrgica al comienzo del siglo XX? Los jóvenes de hoy,
evidentemente, no pueden imaginárselo. Pero los menos jóvenes
—los que llegan a la cincuentena —se equivocarían refiriéndose a
sus recuerdos de la infancia, porque en veinte años muchas
cosas han cambiado (…) La misa la celebraba un viejo Padre, más
o menos afónico; incluso en las primeras filas apenas se
escuchaba un murmullo. Nos levantábamos para el Evangelio, pero
lo que significase este evangelio nadie sabía explicárnoslo. No
se sabía tampoco qué santo se festejaba o por qué difunto se
celebraba la Misa de negro. El misal para los fieles no
existía. Era posible sumergirse en cualquier libro de oración.
Pero de vez en cuando salíamos de nuestro sueño recitando en
voz alta unos cuantos misterios del rosario o cantando unos
versos en latín o un canto en francés. El único momento en el cual se
oraba con el cura era después de la Misa, cuando el celebrante, de
rodillas al pie del altar, recitaba las tres avemarías con el
Salve Regina y otras oraciones prescritas por León XIII. No se
comulgaba en esta misa. Realmente, en aquel tiempo, nadie veía
ninguna relación entre la misa y la comunión. La comunión se
podía recibir antes de la misa, después de la misa o a mitad
de la misa, pero nunca en el momento previsto por la
liturgia. Era cuestión de horario: se daba la comunión cada cuarto
de hora. Cuando empezaba la misa, se podía tener la certeza de
ver, después de un cuarto de hora, a un cura con alba salir de la
sacristía, apresurarse al altar e interrumpir al celebrante para
sacar un ciborio del tabernáculo. El celebrante podía entonces
continuar la Misa hasta el momento en el cual se interrumpía de
nuevo para regresar del ciborio al tabernáculo. Se aconsejaba comulgar
antes de la misa y ofrecer la Misa la acción de gracias. Eso nos puede
extrañar, pero hay que tener en cuenta las ideas de la época. La misa ya
no era la oración de la comunidad cristiana. El Clero se encargaba
enteramente de la misa. Los fieles sólo podían participar desde lejos y
entonces se dedicaban a las devociones personales. La comunión aparecía
como una devoción privada sin relación especial con la misa”.
El mismo año que se creaba el Instituto Superior de Liturgia de Paris
tuvo lugar en Asís el famoso Congreso de Pastoral Litúrgica al que
asistieron de Cataluña los Obispos Jubany, Masnou, Pont i Gol y los
presbíteros Pedro Farnés y Pedro Tena (que más tarde sería Obispo
auxiliar de Barcelona) y algunos seglares. Aquel mismo año de 1956 se
organizó en Barcelona, presidido por el Obispo Mons. Modrego, un
Congreso litúrgico diocesano, donde se pidió elaborar un ‘Directorio
sobre la Misa’ y la creación de un Secretariado litúrgico diocesano. Fue
el P. Farnés uno de los cinco encargados de la comisión para la
elaboración del mismo. Poco después, en 1958, se pidió al Obispo crear
el denominado ‘Centro de Pastoral Litúrgica’, a imagen del de París, que
comenzó pocos meses antes del inicio del Concilio, y en cuyo consejo
estuvo también el P. Farnés, del que además de miembro llegará a ser en
varios periodos subdirector y presidente.
En este ambiente de estudio y exégesis litúrgica el P. Farnés decide,
tras Licenciarse en Teología en la Facultad de Sto. Tomas de Aquino
Angelicum de Roma en 1959, ampliar su formación e ir a estudiar liturgia
al Instituto Superior de Liturgia de París, que era en aquel momento el
más importante de todo el mundo. 
En aquel mismo año de 1959 el P. Farnés se dirige a Francia no sin antes
visitar al único alumno español que estudiaba en aquel Instituto recién
inaugurado. Así lo recuerda y describe Juan Antonio Gracia, que fuera
compañero suyo: ‘Conocí a Farnés allá por el año 1958. Vino a visitarme a
mi casa de Zaragoza para interesarse por el Instituto Superior de
Liturgia de París, inaugurado dos años antes y del que yo era entonces
el único alumno español (…) Cuando Farnés llegó a las orillas del Sena,
París era un emporio de cultura teológica y litúrgica, y un hervidero de
experiencias evangelizadoras’.
El Instituto tenía entonces una nómina de profesores sobrecogedora, con
Don Botte a la cabeza, Bouyer, Danielou, Martimort, Jounel, Chavasse,
Vogel, que serán los grandes maestros determinantes en la orientación
hodierna de la Liturgia, y que tuvieron una participación intensa en la
preparación y desarrollo del Concilio Vaticano II, desempeñando un papel
preponderante en la reforma Conciliar. 
En París recibirá clases entre otros del mismo fundador P. Botte, que
tendrá como experto un papel preeminente durante toda la renovación
litúrgica, tal como lo recuerda el P. Piero Marini, que participó en las
sesiones de la reforma litúrgica como seminarista y que su camino
litúrgico le llevó a ser el responsable de las celebraciones del Papa
San Juan Pablo II durante su pontificado y parte del de Benedicto XVI,
en su libro de memorias ‘Maestro de las celebraciones pontificias’
(colección “Liturgia Fovenda” – coeditado con Ediciones STJ 2010):
‘Cuando los Obispos y cardenales planteaban cuestiones al padre Botte,
respondía como un profesor a sus alumnos’. 

Dom Botte nos explicaba en su libro anteriormente citado “Le mouvement
liturgique” (p. 156) la organización del Consilium: ‘El Consilium estaba
constituido por dos grupos diferentes. Había en primer lugar una
cuarentena de miembros propiamente dichos -la mayoría cardenales u
obispos- que tenían voz deliberativa. Luego estaba el grupo de los
consultores, encargado de preparar el trabajo. Allí estaban Mons. Wagner
y Bugnini, y el Padre Adalbert Franquesa, monje montserratino. Varios
expertos estaban agrupados y trabajaban juntos bajo la dirección de un
relator’. Dom Botte fue el encargado de la revisión del primer tomo del
Pontifical, y a él le debemos, en gran parte por lo menos, la
desaparición de la Prima Tonsura y las Ordenes Menores así como el nuevo
Ritual de las Ordenaciones y el nuevo Rito de la Confirmación. Monseñor
Wagner, director del Instituto Litúrgico de Tréveris, fue el relator
del grupo encargado de la reforma de la Misa cuyos miembros más activos
fueron: el profesor Fischer, Mons. Schnitzler, el P. Jungmann, el P.
Louis Bouyer, el P. Gy, Dom Vaggagini y Dom Botte.
Por otro lado también recibirá clases en París del citado P. Louis
Bouyer (1913 -2004) prestigioso teólogo y liturgista francés que será
también una pieza importante para la formación litúrgica en el Camino
Neocatecumenal, y que fue nombrado por el Papa para la Comisión
Teológica Internacional en 1969. Fue además consultor del Consejo del
Vaticano II para la liturgia, la Congregación para el Culto y la
Secretaría de la Unidad de los Cristianos. Fue profesor en el Instituto
Católico de París hasta 1963 y luego enseñará en Inglaterra, España, y
Estados Unidos. Autor de numerosas publicaciones, en 1951 publicó el
libro ‘El Misterio Pascual. Meditaciones sobre los tres últimos días de
la Semana Santa’ y en 1967 ‘Liturgia y Arquitectura’ sobre la
disposición del espacio sagrada en la historia de la Iglesia.
Después de dos años de estudio en París, en 1961 el P. Farnés se diploma
en Sagrada Liturgia (Peritus Sacrae Liturgiae), y en 1962 realizará
unos cursos de doctorado en Teología en el Institut Catholique de París.
Con este bagaje formativo en Francia, y estando ya el Concilio Vaticano
II en marcha, vuelve a España, donde en 1963 se incorporará como
profesor de liturgia en el Instituto de Liturgia de la Universidad
Pontificia de Salamanca. En 1964 volverá a Barcelona porque tendrá lugar
la promoción del Instituto de Liturgia de Barcelona, donde será
profesor ordinario desde su fundación, dando alternativamente clases de
liturgia también en el Seminario Pontificio de Tarragona.
Fue en esta vuelta a Barcelona cuando Carmen Hernández, co-iniciadora
del Camino Neocatecumenal, conoce de manera improvista pero providencial
al P. Farnés. Así lo relataba Carmen en el año 2003 en la inauguración
del curso académico del Seminario Conciliar de Barcelona: ‘Y allí estaba
monseñor Farnés, que le digo yo, joven y guapo, que venía de París con
todo el Concilio ya en la mano, y allí daba el unas conferencias de
liturgia’. 
Carmen Hernández había nacido en Ólvega, un pueblo aragonés, pero desde
pequeña había vivido en Tudela (Navarra) donde había tenido una
formación jesuita y había visto a muchos partir para las misiones. A los
21 años decidió entrar en la Congregación de misioneras de Cristo
Jesús, creada precisamente en Javier pocos años antes, en 1944, porque
tenía el deseo de ir a evangelizar a la India. Tras un periodo de
formación y preparación en Inglaterra, cuando iba a partir para
Admelabad, por una serie de circunstancias acabó recalando en Barcelona,
donde finalmente y tras muchos sufrimientos, junto con otras
compañeras, dejó de manera definitiva la Congregación. En aquel momento
Carmen entra en contacto con el P. Farnés, que acaba de venir de París.
Así lo sigue relatando: ‘Con Farnés descubrí yo todo el misterio de la
Pascua, en que hay que entrar en la muerte con Cristo para resucitar con
él, que es todo el Concilio Vaticano II y de lo que vivís todos los
comunitarios que estáis aquí. Del pan y del vino: Osea, ‘que el que come
mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en
el último día’. Es el pan que se parte…y digo, mucha gente ha escuchado a
Farnés y no han entendido, ¿y porque escuché yo? porque estaba en una
Kénosis muy grande de muerte, en getsemaní, entonces descubrí la
renovación del Concilio. La primera Pascua de verdad que yo he vivido
como Pascua verdadera con toda la renovación litúrgica del Concilio ha
sido aquí, en la catedral de Barcelona, con la candela y con todo…Y por
eso yo quiero muchísimo a Farnés y yo digo: “El Camino Neocatecumenal ha
nacido en Barcelona” y no en las barracas del Kiko Argüello’.
Ciertamente fue primero Carmen la que, antes de conocer y participar en
la experiencia de las barracas de Madrid con Kiko, había entrado en
contacto con la renovación litúrgica que estaba produciéndose en la
Iglesia gracias al P. Farnés. Así lo recordaba y confirmaba el mismo P.
Farnés en su intervención en el año 2003 con motivo de la inauguración
del curso académico del Seminario Conciliar de Barcelona: ‘En Barcelona
se sembraron algunas de las raíces de lo que posteriormente ha sido el
árbol fecundo que la Sede Apostólica acaba de reconocer como árbol bueno
y fructífero para el bien de toda la Iglesia Universal. Carmen, en
efecto, inició sus primeros pasos en los ideales de anunciar a Cristo a
quienes lo desconocen en la casa de las misioneras de Cristo Jesús que
es ubicada en la calle princesa de nuestra ciudad. Este llamamiento
después creció y se desarrolló por otros caminos que no es aquí el
momento ni el tiempo puede permitir que lo explique. Pero entre los
primeros pasos misioneros de la jovencita Carmen Hernández en Barcelona,
y de su entrega radical al Evangelio de Jesús a través de las
comunidades y aquellos primeros pasos no hay ruptura sino crecimiento,
desarrollo y camino cada vez a más concreto. Barcelona, a la que hoy
visita Carmen, es pues, en cierta manera, la cuna de su espíritu
evangelizador’
Tras la salida precipitada de la Congregación junto con otras tres
compañeras, Carmen pasó por el monasterio cisterciense de Poblet, en
Cataluña, con la idea de embarcarse no ya para la India, sino para
América. Don Marcelino Olaechea, entonces Arzobispo de Valencia, y al
que habían conocido previamente, les había ayudado y animado a emprender
una nueva etapa, que estaría marcada por un nuevo destino en Oruro,
Bolivia. Antes de marchar a Bolivia decidió hacer una peregrinación a
Tierra Santa, coincidiendo con el viaje que emprendió Pablo VI en enero
de 1964, y cuando volvió de nuevo a España se encontró que dos
compañeras ya no querían partir, y se habían ido a Madrid. Así Carmen
decidió pasar por Madrid, porque además allí estaba una hermana suya que
le había hablado de Kiko Argüello, que en aquellas mismas fechas
estaba ya viviendo en las barracas de Palomeras Altas, en el actual
barrio de Vallecas, una zona entonces de Madrid suburbial, llena de
chabolas y miseria. Carmen creyó que en Madrid podría aprovechar para
reunir voluntarios para partir a Bolivia, pero lo que sucedió en las
barracas de Palomeras le hizo cambiar completamente de opinión.
Después de conocer a Kiko y vivir el nacimiento de una realidad
comunitaria con los pobres en Palomeras que traspasará y superará
cualquier planificación pastoral previa para implantarse en las
parroquias, Carmen lo convencerá para ir a escuchar al P. Farnés a
Barcelona. Así lo relataba el mismo Kiko Argüello en la Lección
inaugural para el Curso de Teología en el Seminario Conciliar de
Barcelona de Septiembre de 2003: ‘yo me di cuenta que yo que llevaba el
Siervo de Yavhé y vivir los pobres. Yo lo tenía todo a conceptos, porque
en los cursillos todavía el Concilio nada. Entonces toda la
conceptualización del misterio Pascual… Estuvimos en un pueblo con el
Padre Farnés. Un día Carmen me dice: tienes que escuchar a un profesor
que ha venido de París, que estaba dando clases en el Instituto
Pastoral, el León XIII …Y yo ¡que déjame en paz Carmen! No, tu eres un
burro, tienes que venir, tienes que cultivarte, ¡ha habido un Concilio! Y
empezamos ya a escuchar a Farnés y fue verdaderamente sensacional. Osea
que realmente el Señor… ¿Qué a hecho el Señor? Ha ido llevando por una
parte Foucauld, por otra parte Farnés, por otra parte toda la teología
de Carmen, por otra parte los gitanos que no puedes escapar…’
Fue por tanto el Padre Farnés el que de una manera directa y sustancial
les llevó a Kiko y Carmen toda la renovación litúrgica que se estaba
produciendo con el Concilio que acaba de celebrarse, y en quien
encontraron un incondicional apoyo ante cualquier duda o incertidumbre
que pudiera aparecer. De este modo lo explicaba Carmen en la convivencia
con 250 Obispos de América celebrada en abril de 1997 en Nueva York:
‘…Lo que quería decir es que Kiko, el Siervo de Yahveh lo tenía muy
enraizado, pero allí lo que ya le llevé en bandeja, y no por mí -no es
mío-, fue el Concilio Vaticano II, la Pascua y la Resurrección de los
muertos. El primer canto que hizo en las barracas fue el “Siervo de
Yahveh”; hasta que llegó al “Resucitó” fueron dos años de lucha y pelea
que tuvimos, hasta que entró en el dinamismo de la Pascua. Y la Pascua
ni me la he inventado yo, ni tampoco Farnés, sino que ha sido la labor
inmensa de todo el Movimiento Litúrgico y todo el Movimiento Bíblico,
que ha fermentado en el Concilio y que se ha puesto en marcha en el
Concilio. Yo siempre estaba con Kiko, pero no me fiaba de él un pelo.
Sólo me convenció el día en que llegó allí el arzobispo de Madrid, Mons.
Morcillo, que fue otro milagro que sería interesante contarlo. Entonces
comencé a colaborar con Kiko fiándome más de él cuando vi a la Iglesia.
Mons. Morcillo fue un verdadero don de Dios. Él nos mandó ir a las
parroquias’.
Mons. Casimiro Morcillo, el que fuera Arzobispo de Madrid y que había
sido subsecretario en el Concilio Vaticano II, visitó de manera
providencial las barracas de Palomeras Altas, donde pudo entrar en
contacto con la comunidad de pobres y desheredados que allí se había
formado, entorno a la celebración de la Palabra y la Eucaristía. Fue
Mons. Morcillo el que cedió un local, que era un barracón, en la
parroquia del poblado de Palomeras para que la comunidad pudiera
reunirse y realizar las celebraciones, y quien dio los primeros permisos
para celebrar la Eucaristía con algunas de las modificaciones que se le
plantearon, tal como lo recordaba el mismo Argüello: ‘Nosotros la
celebramos con las dos especies, con el Padre Farnés que nos había
explicado todo, con el pan en forma de pan ácimo, porque los gitanos es
muy importante esto, y va y le dice Morcillo al párroco: les dejas a
puerta cerrada, porque si entra uno en la Eucaristía y ve aquello se
escandaliza, y solamente los que estén catequizados… Morcillo había
entendido todo, porque hizo la tesis, su tesis sobre las primeras
comunidades de los Hechos de los Apóstoles y nos dice: “¡ya quiero yo
que hayan comunidades como esta en todas las calles de Madrid!”.
Fue providencial porque justamente en aquellos momentos en que aparecía
una pequeña comunidad como un gérmen, fruto de la acción del Espíritu
Santo en un barrio marginal de Madrid, se aprobaba la instrucción
‘Eucharisticum mysterium’ (el 25 de mayo de 1967 – AAS, 59) que fue el
primer documento oficial del Concilio en el que se contemplaba las
celebraciones para grupos particulares reunidos para una formación
específica propia. En la misma se recomendaba que determinadas
convivencias y asambleas de fieles, en vistas a promover la vida
cristiana, los estudios religiosos, el apostolado o las prácticas de
espiritualidad –sin especificar si éstas tienen lugar en domingo o en
días feriales- culminaran con la celebración eucarística (nº 30), como
así sucede en las Comunidades Neocatecumenales. Además, dicha
Instrucción sobre el Culto del Misterio Eucarístico suponía un gran
avance en materia litúrgica al permitir también recibir la comunión bajo
las dos especies (nº 32).

Dos años después, El 15 de mayo de 1969, vendría la instrucción Actio
Pastoralis donde se analizaba más específicamente lo que el Camino
Neocatecumenal había comenzado a poner en práctica en aquellas mismas
fechas. La ‘Instrucción sobre las Misas para grupos particulares’
promulgada en una misma línea que la Eucharisticum mysterium trataba
concretamente de las misas en grupos particulares y la finalidad con la
que se llevaban a cabo dichas celebraciones. La misma Instrucción
reconocía y declaraba que ‘para lograr una visión más profunda de la
vida cristiana y atender a la formación de las personas que se
solidarizan con determinados grupos se sabe por experiencia lo eficaces
que pueden resultar las celebraciones en pequeños grupos, que logran el
acercamiento de algunos fieles y la más completa formación de otros’.
Por tanto las primeras instrucciones en materia litúrgica del
Post-Concilio, promulgadas en las mismas fechas en las que se estaba
iniciando la experiencia de las barracas, permitieron que la pequeña
comunidad que había comenzado en los suburbios de la barriada de
Palomeras Altas pudiera celebrar la eucaristía de manera particular y
recibir la comunión en las dos especies, algo que después se vislumbró
crucial para el desarrollo de la iniciación cristiana para tantos
bautizados que se habían alejado y que habían perdido el valor de lo
sagrado. Había también urgencia en una iniciación litúrgica, que
mediante un conjunto de catequesis procurara la introducción de los
fieles en los misterios sacramentales.
El asesoramiento y acompañamiento del P. Farnés en aquellos años no se
podría haber llevado adelante si la propia Iglesia no las hubiera
corroborado en los primeros documentos publicados al darles a tales
celebraciones una sólida base teológica y pastoral para llevarse a cabo.
Pero sin duda fue crucial la ayuda del Arzobispo de Madrid Mons.
Morcillo no sólo para el nacimiento del Camino como un Catecumenado
parroquial, sino también para que la experiencia no fuera sofocada en
sus frágiles inicios por la incomprensión y la duda de aquellos que se
pusieron en contra. Su intercesión fue decisiva a la hora de confirmar
todos aquellos aspectos pastorales y litúrgicos que el Camino comenzó a
plantear, sentando las bases de ulteriores discernimientos que llegarían
después de instancias superiores. Tres años después que la experiencia
de las barracas se traspasara a la parroquia madrileña de Cristo Rey, el
24 de octubre del 1967, el cardenal Lercaro y Annibal Bugnini habían
logrado en tres años poner a punto una nueva Liturgia de la Misa,
conforme en todos los puntos a las “desiderata” del Movimiento
Litúrgico-ecuménico. Se la bautizó como “Missa Normativa” y fue
presentada a los Obispos reunidos en Roma para el Sínodo.
Así Mons. Morcillo, ante los planteamientos litúrgicos que se cernían en
la misma Iglesia Católica tras el Concilio, tuvo la prudencia de
aceptar y dar ciertas sanciones a aquellas prácticas que consideró
oportunas para las celebraciones de la liturgia eucarística de las
primeras comunidades neocatecumenales que nacieron en su diócesis (y que
eran las primeras del mundo) a través de una carta que remitió a Kiko,
después de comprobar con la debida precaución a través de un Delegado,
que sus indicaciones verbales sobre dichas celebraciones se cumplían sin
problema, como lo atestigua el P. Jesús Maria Urío, sacerdote madrileño
de la orden de los Sagrados Corazones, que conoció la incipiente
realidad del Camino nada más nacer tras la experiencia de las barracas,
en la parroquia de Cristo Rey: ‘Ya en los inicios del Camino
Neocatecumenal, allá por las años sesenta, el arzobispo de Madrid, D.
Casimiro Morcillo, les puso una especie de prueba, ordenando una serie
de prácticas litúrgicas, en la celebración de la Eucaristía, que no eran
del agrado de los neocatecumenales. Un delegado del arzobispo, en una
actuación de seguimiento clandestino, pudo comprobar la obediencia de
los miembros del nuevo movimiento, y monseñor Morcillo respondió a esa
obediencia con una carta que les concedía mucha libertad para realizar
ciertos cambios en la celebración de la Eucaristía. Pero no olvidemos
que estábamos en los años sesenta, en plena efervescencia conciliar, y
en medio de la fiebre de la reforma litúrgica’’.
En aquella misma década de grandes cambios el P. Farnés había ayudado al
nacimiento de la nueva Facultad de Teología de Cataluña, creada en
1967, de la que será profesor a partir de 1971 durante muchos años hasta
que en 1988 será nombrado profesor extraordinario. En 1969 ayudó en la
Fundación de la revista ‘Oración de las horas’ (actualmente
Espiritualidad y Liturgia) de la que fue Director. 
En 1986 se erigirá el Instituto Superior de Liturgia de Barcelona por
Decreto de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, donde en
1989 el P. Farnés recibirá el Doctorado en Teología, especialidad en
Liturgia, con la tesis doctoral ‘el Ordinarium de Barcelona de 1501’. 
En 1990 se creará el Instituto de Teología Espiritual, de la que será
nombrado Director. En 1994 será nombrado Canónigo de la Iglesia Catedral
de Barcelona por el entonces Arzobispo Ricard Maria Carles, y en 1995
Profesor Emérito de la Facultad de Teología de Cataluña.
Sin embargo el contacto y trabajo con el P. Farnés no fue puntual ni
esporádico. No se limitaron a escuchar una serie de exposiciones en unas
clases con una batería de propuestas basadas en la mera creatividad y
novedad litúrgicas sin base científica ni histórica alguna, sino que
durante todos los años siguientes ayudó, asesoró y aconsejó a los
iniciadores del Camino sobre los distintos aspectos celebrativos de la
Eucaristía cuyas bases se encontraban en la historia litúrgica de la
Iglesia, como lo recordaba el Padre Mario Pezzi, presbítero del Equipo
Responsable internacional del Camino, en su documento de la convivencia
de transmisión de 2008: ‘el Padre Farnés no solamente ha transmitido a
Carmen, y a través suya a Kiko, y por tanto al Camino, la renovación
litúrgica del Concilio, sino que ha acompañado personalmente el
desarrollo del Camino ofreciendo su específico asesoramiento sobretodo
en el diálogo con la Santa Sede’.
No en vano el P. Farnés, sin pertenecer propiamente al Camino, ha sido
siempre un referente y un fundamento para consolidar las celebraciones
del iter formativo desde los mismos inicios, tomando como punto de
partida las intuiciones del movimiento litúrgico y del Concilio. A pesar
de sus muchas tareas y obligaciones como sacerdote diocesano y profesor
de la Facultad de Teología de Cataluña, el P. Farnés se ha prestado en
numerosas ocasiones y a lo largo de muchos años para impartir clases y
conferencias en diversos Seminarios Redemptoris Mater del mundo, además
de participar activamente en Convivencias de Obispos con los iniciadores
Kiko y Carmen para explicar en qué consiste esta iniciación cristiana
de adultos que pretende llevar a las parroquias precisamente la
Renovación del Concilio. 
De tal magnitud ha sido la importancia del P. Farnés en el nacimiento y
desarrollo del Camino que en su intervención con motivo de la aprobación
de los Estatutos del Camino en el aula del Pontificio Consejo de Laicos
el 28 de junio de 2002 Carmen Hernández le agradecía públicamente su
inestimable colaboración: ‘Doy gracias sobre todo a Mons. Farnés que
está aquí. Él, joven y guapo, venía del Instituto de Liturgia de París
el año 1961. Farnés es Doctor en Liturgia y vivió toda la preparación al
Concilio con Dom Botte, con Bouyer, con los grandes que preparaban toda
la renovación litúrgica del Concilio (…) a través de la kenosis más
grande de mi vida que he vivido en Barcelona, allí Dios me abrió la
oreja para entender qué significaba el Concilio Vaticano II, a través
del Padre Farnés (…) Este ha sido para mí un descubrimiento pascual
inmenso, hecho por medio de Mons. Farnés. Era verdaderamente la
renovación del Concilio Vaticano II que tenía en la liturgia un
florecimiento, un esplendor pascual impresionante’
El P. Farnés ha impartido además numerosos cursos y seminarios sobre
diversos temas de liturgia en los Monasterios de Montserrat y Poblet, y
en diversas diócesis de España, Estados Unidos, Asia y Latinoamérica.
En 1987 en Roma realizará una ponencia sobre ‘las celebraciones
eucarísticas presididas por el Papa en la historia’, y en 1988 realizará
una ponencia para la Asociación española de profesores de Liturgia
sobre ‘el lugar de la celebración del Bautismo’. En 1990 realizará un
curso a la Conferencia Episcopal Española sobre el ‘ceremonial de
Obispos’, y en 1991 una ponencia en la reunión de profesores de liturgia
de España sobre la nueva edición del ‘Ordo celebrandi matrimonium’. En
1998 participará en el XIX Simposio internacional de Teología de la
Universidad de Navarra donde intervendrá para hablar del ‘Espíritu Santo
en la Liturgia. Epíclesis y acción in persona Christi’.
Además de sus orientaciones prácticas en temas litúrgicos (cada año
edita un calendario litúrgico completo), ha escrito numerosos libros
relacionados con el movimiento litúrgico y la reforma litúrgica del
Concilio, referentes a la celebración de la Pascua, a la visión y
distribución del espacio sagrado y a la celebración de la fe en la vida
comunitaria de la Iglesia: ‘La Vigilia Pascual’ en 1955, ‘La Semana
Santa del pueblo’ en 1956, ‘La simplificación de las rúbricas y la nueva
liturgia de la Semana Santa’ de 1958, ‘Construir y adaptar las
Iglesias’ en 1989, ‘Celebrar la semana santa en parroquias y pequeñas
comunidades’ en 1994 ‘Vivir la Eucaristía que nos mandó celebrar el
Señor’ en 2007 son algunas de sus numerosas publicaciones en la materia.
Especialmente significativo fue su estudio publicado ‘La celebración eucarística en pequeños grupos’ (Pedro Farnés Scherer – Salmanticensis, Vol. 43, Fasc. 2, 1996
, págs. 281-295 ) donde clarificaba la situación de numerosas
comunidades –entre ellas las neocatecumenales- que vivían la fe y
celebran los sacramentos de manera particular y que habían sido objeto
de crítica porque entendían que tales celebraciones no eran apropiadas
para la vida parroquial: ‘La conveniencia, significatividad e incluso
legitimidad de estas misas –decía el P. Farnés- ha cobrado recientemente
nueva incidencia y ha originado discusiones y controversias y no pocas
consultas llegadas a nuestra revista, y piden una respuesta aclaratoria.
Abordar esta cuestión apuntando pautas que aclaren algunos puntos es lo
que pretendemos en esta aportación’.
En el citado estudio se abordaba, desde un punto de vista teológico y
pastoral, la celebración eucarística en pequeña asamblea, en el que el
P. Farnés concluía: ‘Constatada la existencia de celebraciones en
pequeña asamblea, cabe preguntarse aún si celebrar la eucaristía con un
pequeño grupo, sobretodo si se trata de la misa del domingo, tiene una
verdadera justificación teológica. Lo primero que debe decirse a este
respecto es que teológicamente hablando toda acción litúrgica –la
Eucaristía sobretodo- es, por su propia naturaleza, celebración de la
Iglesia (Sacrosantum Concilium 26). La Eucaristía celebrada por un
pequeño grupo –en el caso extremo incluso por el solo ministro- continúa
siendo, por tanto, acción de la Iglesia, nunca celebración del pequeño
grupo que está visiblemente reunido; y es acción de la Iglesia con la
misma realidad ontológica que la Misa celebrada en una gran asamblea.
Con todo rigor teológico hay que afirmar que el pequeño grupo reunido
para celebrar la misa hace presente a la Iglesia con la misma realidad
que la misa participada por la asamblea parroquial’. 
El Padre Farnés es por tanto una eminencia en materia litúrgica con una
impecable trayectoria llena de arduo trabajo en sus innumerables frentes
como consejero en organismos de la Iglesia en todo el mundo. Son
destacables también sus intervenciones como miembro del Consejo de Phase
desde su fundación. Director de la colección Letra y Espíritu del
Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona, ha sido nombrado como
Consultor de la Comisión Episcopal de Liturgia de España, así como
Consultor de la Comisión Episcopal de Liturgia de México, Consultor de
la sección de publicaciones litúrgicas del CELAM y Miembro del Coetus
‘De Praecibus Eucharisticis’ de la Sagrada Congregación del Culto
Divino. Es además Relator de la subcomisión para las oraciones
sálmicas de la Sagrada Congregación del Culto Divino. Relator del
proyecto de la segunda edición del ‘Ordo Exequiarum’ en la consulta
generalis de 1990. Relator del ‘Ritual De Exequias’ del episcopado
español. Miembro de las comisiones España-Celam para la edición del
‘Ritual de Bendiciones’ y del Ordinario de la Misa unificado. Consultor
de los Obispos de los diferentes Ritos de el Cairo (Egipto) sobre la
problemática litúrgica en los ritos orientales de 1987. Participante en
el Convegno internacional de Presidentes y Secretarios de las Comisiones
episcopales de Liturgia (Roma, octubre de 1984). Miembro del equipo de
preparación de la versión unificada del Ordinario de la Misa en español
(Congregación para el Culto y Episcopados de América Latina y España). 
En un prólogo de homenaje escribía su antiguo compañero de clases:
‘Ignoro si el Farnés que yo conocí en Zaragoza era un autodidacta, o si
sus conocimientos de liturgia se limitaban entonces a las rúbricas. Lo
que si creo saber con absoluta certeza es que el Farnés actual,
profesor, investigador, conferenciante, articulista, ceremoniero,
publicista, consejero y celebrante, se hizo en París y vive y actúa de
acuerdo con la formación recibida en la capital francesa (…) A veces me
pregunto si ese talante exterior, una pizca intransigente, no será
reflejo de una actitud interior y profunda, que aplicada a la liturgia,
tendría una mejor traducción llamándola fidelidad. Fidelidad a la
tradición vertebrada, comparada y rigurosa. A la historia, al testimonio
de los padres, a las fuentes, a los viejos testimonios, a los orígenes.
Un estudioso que como él ha buceado en todos los fondos documentales
del cristianismo, y se sabe de memoria todos los textos del culto más
primitivo hasta tocar casi con los dedos la raíz del misterio (…) Creo
que este rasgo diferenciador en la vida del P. Farnés ha tenido – y
tiene- que hacerle sufrir no poco. Por un lado, no puede satisfacerle
plenamente una reforma litúrgica que ha mantenido o incorporado ritos
que no tienen nada que ver con la tradición histórica. Por otro lado,
está en total desacuerdo con las invenciones de determinados
pseudoliturgistas y pseudopastoralistas que, con sus improvisaciones y
‘hallazgos’, no demuestran más que una profunda ignorancia. Lo primero
le produce tristeza. Lo segundo le da rabia (…) Frente a los defectos de
la reforma litúrgica oficial y a los excesos de los reformadores
privados, Farnés da a diario un espléndido ejemplo de sumisión a la
autoridad a la que pliega sus propios criterios. Cuando yo mismo le he
preguntado en ocasiones por su minuciosa observancia a ciertas
indicaciones de la normativa vigente con las que presumo está en
desacuerdo, me ha respondido: ‘lo hago así por comunión con la Iglesia’.
Así resuelve el celebrante Farnés la tensión interior entre la
obediencia y la erudición, entre el pensamiento propio y la disciplina,
entre lo que es y lo que debiera ser. Tan claro tiene que toda
celebración litúrgica, la Misa sobretodo, es una comunión en la caridad.
Es indudable la aportación del Padre Farnés en el inicio y desarrollo
del Neocatecumenado, con el que siempre, desde el profundo respeto que
siente hacia este carisma, ha colaborado de manera desinteresada. Sus
palabras de agradecimiento en la Inauguración del curso de 2003 en el
Seminario de Barcelona son una buena muestra de ello: ‘Deseamos que
vuestra participación en este acto sea significativo, de una relación ya
antigua, pero que esperamos que también a través de nuestro Instituto
de Teología crezca entre la Iglesia de Barcelona y las comunidades
relación fructífera entre vuestro carisma lleno de fuego y entusiasmo
cristiano, como tantas veces repetía el añorado Padre Fontdevila, y
nuestro trabajo humilde y todavía llenos de dificultades, en nuestros
ambientes descristianizados. Esperamos vuestra ayuda y os ofrecemos
nuestra Institución docente tanto para que nos enseñéis vuestro
admirable celo evangelizador, como para ofrecernos nuestras
posibilidades de profundización del mensaje evangélico en nuestras
clases y cursos’.

Fallece la periodista Paloma Gómez Borrero

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Madrid/ESPAÑA.-

Fue ingresada en un hospital de Madrid el pasado 8 de marzo en un hospital de Madrid.

A causa del ingreso, tuvo que aplazar diversos compromisos que tenía
adquiridos, como una conferencia en la Universidad Internacional
Menéndez Pelayo bajo el título “Una periodista y cuatro Papas”.

La periodista Paloma Gómez Borrero ha muerto a los 82 años, Paloma Gómez Borrero llevaba dos semanas ingresada en un hospital de Madrid aquejada de una grave enfermedad.

La periodista fue durante tres décadas corresponsal en Roma y en El Vaticano, primero con TVE y luego con la cadena COPE.

Con más de 50 años de profesión Paloma Gómez Borrero
ha dado más de 29 vueltas al mundo siguiendo los viajes del Papa. «El
primero fue con Pablo VI y lo último que he hecho es el cierre de la
Puerta Santa con el Papa Francisco. Sigo en la brecha. Te pueden jubilar
las circunstancias: la salud, que te falle la voz o tengas que ir en
silla de ruedas, bastón y comiendo sopitas», dijo en una reciente
entrevista concedida a ABC.

El cadáver de Paloma Gómez Borrero, quien falleció a las 20:00 horas de la tarde de ayer 24 de marzo, fue trasladado al tanatorio madrileño de Tres Cantos, en donde a las 12.30 horas de hoy sábado se instalará la capilla ardiente, se ofrecerá una misa por su alma y a las 21.00 será incinerada.

Paloma Gómez Borrero, madrileña de nacimiento,
desarrolló gran parte de su actividad profesional de periodista en
Italia y el Vaticano como corresponsal de RTVE y la COPE y estaba en
posesión de numerosos premios y distinciones.

Paloma Gómez Borrero nació en Madrid, España, el 18 de agosto de 1934.

Era hija de un terrateniente de Alcaudete de la Jara (Toledo), nieta del general Francisco Borrero, destinado en Cuba y en Filipinas a finales del XIX y
que tuvo un destacado papel en las Guerras Carlistas, y descendiente
por línea materna de Juan Álvarez Mendizábal, autor de la
desamortización que lleva su apellido en el siglo XIX.

Realizó los estudios en el colegio del Sagrado Corazón en la
madrileña calle de Caballero de Gracia, cursando posteriomente los
estudios de Periodismo en la Escuela Oficial (1955).

El 18 de enero de 1958 publicó en “Blanco y Negro”, el
semanario de “ABC”, su experiencia europea: “Aventuras de un viaje en
auto-stop. Una española y una noruega llegan a Viena sobre un camión de
cebollas”. Luego, entre noviembre de 1963 y octubre de 1967 publicó
algunos artículos tanto en “Blanco y Negro” como en “ABC”, todos
fechados en Italia.

En sus inicios en el periodismo también colaboró en “El Alcázar”,
“Crítica”, “Senda”, “El Correo Español-El Pueblo Vasco” o “El Pueblo
Gallego”. Fue redactora de “Sábado gráfico”, en 1970.

En diciembre de 1976 fue nombrada corresponsal de Televisión
Española (TVE) en Roma, bajo la dirección de Javier Pérez Pellón como
corresponsal jefe de RTVE, donde se encargó de la información sobre el
país transalpino y la generada por El Vaticano desde los últimos años
del papa Pablo VI, la efímera etapa de Juan Pablo I y los primeros años
de Juan Pablo II. Fue relevada en esta delegación en diciembre de 1983
por Enrique Vázquez, director de Informativos de TVE, en la etapa al
frente del medio público de José María Calviño, a quien culpa de su
destitución.

No aceptó el ofrecimiento de la corresponsalía de Atenas y optó por
regresar a Madrid. Poco después solicitó un año de excedencia en el
medio público y se incorporó en marzo de 1984 a la cadena COPE como
corresponsal volante para acontecimientos en Europa y especialmente en
Italia, encargándose desde entonces de la corresponsalía de la emisora
en la Santa Sede y cubriendo los viajes papales, entre los realizados a
España o el histórico a Cuba (1988). Además, realizó esa misma labor
para el canal venezola de televisión Venevisión.

En septiembre de 2012 le relevó como corresponsal de la COPE en el
Vaticano Paloma García Ovejero, aunque ella sigue colaborando con la
cadena de radio desde su residencia romana.

Simultaneó sus responsabilidades con la COPE con apariciones
en espacios televisivos. Entre abril y mayo de 1987 regresó efímeramente
a TVE como colaboradora del espacio “Por la mañana”, presentado por
Jesús Hermida, espacio al que regresó el 1 de septiembre de 2014 en la
etapa de Mariló Montero para intervenir en la tertulia de Inés Balleter
“Amigas y conocidas”.

También colaboró con María Teresa Campos en varios de sus espacios
televisivos: “Esta es su casa” (1990, TVE), “Pasa la vida” (1993-94,
TVE), “Día a día” (1997, Telecinco), y ha participado en ” “Channel no.
4” (Cuatro, 2006) y “La noria” (2007, Telecinco).

Junto con Ana Blanco, a finales de febrero de 2013 retransmitió para
TVE los últimos actos del dimisionario papa Benedicto XVI, y en los días
siguientes participó en 13 TV en los espacios sobre la elección del
nuevo Papa.

La decana de los periodistas españoles cubriendo la información
vaticana ha aprovechado su conocimiento de la materia como tema de
conferencias y para escribir varios libros: “Huracán Wojtyla” (1982),
“Juan Pablo, amigo: la vida cotidiana en el Vaticano” (1996), “Santas
del siglo XX” (1997, junto con Pilar Cambra, Angeles Galino, Mercedes
Gordon y Marta Portal), “Los fantasmas de Roma” (1998), “La Alegría”
(2000, por el que recibió el Premio Espiritualidad), “Adiós, Juan Pablo,
amigo” (2005), “Abuela, háblame del Papa: la historia de Juan Pablo II
contada para niños” (2005), “Dos Papas, una familia” (2006), “Los
fantasmas de Italia” (2011), “De Benedicto a Francisco. El cónclave del
cambio” (2013), “Juan Pablo II. Recuerdos de la vida de un santo”
(2014).

También, ha publicado libros de gastronomía italiana “Comiendo con
Paloma Gómez Borrero” (1983) y “El libro de la pasta” (1990), o la guía
“Caminando por Roma” (1999). Es coautora de los libros “Cocina sin sal”
(2004) y “Nutrición infantil” (2007).

A lo largo de su carrera profesional ha sido reconocida con los
premios Calandria 1980, por su contribución a la difusión de la imagen
de Italia en el exterior; el Adelaide Ristori 1981, por sus trabajos
relacionados con la cultura, la radiotelevisión, el periodismo y la
política; uno de los premios del Ranking Internacional de Prestigio 1984
por su labor informativa internacional de sus crónicas; uno de los
Bravo ’96 de la Conferencia Episcopal; el Julio Camba de Periodismo; el
Rodríguez Santamaría 2001 por su trayectoria profesional de la
Asociación de la Prensa de Madrid; o uno de los Micrófonos 2003 de la
Asociación Profesional Española de Informadores de Prensa, Radio y
Televisión (APEI); el “Alfiler de oro 2003” de la asociación de mujeres
profesionales y empresarias “Mujer Siglo XXI”; el Bravo Especial 2010;
el Premio de Comunicación Hugo Ferrer 2014 de la peña periodística
Primera Plana; o el Premio Iris Toda una Vida 2016 de la Academia de
Televisión.

También, en varias ediciones ha sido aspirante al premio Cirilo Rodríguez para corresponsales.

Durante su estancia en Roma participó, con Marcelo Mastroiani, en una
escena de la película “El momento pui bello” (1957). En 2013 participó
como asesora histórica del libreto para el musical “Karol Wojtyla, la
verdadera historia”.

Su popularidad como corresponsal fue tal que incluso ha sido
parodiada por el dúo “Martes y trece” (1981) o invitada a espacios de
los hermanos Cadaval “Los Morancos”, como “Entre Morancos y Omaítas”
(octubre de 2000) y “Morancos 007” (marzo de 2007).

Está en posesión de la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la
Católica (noviembre de 1999) y es Dama de la Orden de San Gregorio Magno
(2002), concedida por Juan Pablo II a petición del cardenal-arzobispo
de Madrid Antonio María Rouco Varela.

En 1981 fue nombrada toledana del año, en 2002 recibió el título de
académica de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de
Toledo (2002) y en 2013 recibió el reconocimiento de “Hija Adoptiva” de
Castilla-La Mancha.

Estaba casada con el piloto de aviación militar italiano Alberto de Marchis. Tuvieron tres hijos: Ranieri, Carlos y Giorgio.


http://www.revistaecclesia.com/fallece-la-periodista-paloma-gomez-borrero/


Papa Francisco: «La solidaridad es el antídoto más eficaz contra los modernos populismos»

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CAMINEO.INFO.- El pontífice, en un discurso pronunciado en la Sala Regia del Vaticano, dijo que la historia europea está marcada por «el encuentro con otros pueblos y culturas» e instó además a Europa a considerar que la solidaridad es «el antídoto más eficaz contra los modernos populismos».

Francisco aludió también a la «grave crisis migratoria» que afronta la Unión y dijo que no es solo «un problema numérico, económico o de seguridad», sino que apela a Europa a plantearse qué cultura está en condiciones de proponer.

El Papa añadió que la riqueza de Europa «ha sido siempre su apertura espiritual y la capacidad de plantearse cuestiones fundamentales sobre el sentido de la existencia».

«Parece como si el bienestar conseguido le hubiera recortado las alas, y le hubiera hecho bajar la mirada», consideró el Papa ante los líderes de 27 países de la UE (faltó la representación del Reino Unido, que lanzará próximamente su proceso de salida de la Unión) y de sus instituciones.

Sobre los populismos, el Papa dijo que «florecen precisamente por el egoísmo, que nos encierra en un círculo estrecho y asfixiante y no nos permite superar la estrechez de los propios pensamientos ni ‘mirar más allá’» y añadió que Europa «es una familia de pueblos y, como en toda buena familia, existen susceptibilidades diferentes, pero todos podrán crecer en la medida en que estén unidos. La Unión Europea nace como unidad de las diferencias y unidad en las diferencias». «Cuando un cuerpo pierde su dirección y ya no es capaz de mirar hacia adelante, experimenta una regresión y, a la larga, corre el riesgo de morir», dijo el Papa a los líderes europeos.

«Por eso las peculiaridades no deben asustar, ni se puede pensar que la unidad se preserva con la uniformidad», estimó el pontífice. El Papa alabó el «patrimonio moral y espiritual» de Europa, del que dijo que es «único en el mundo, que merece ser propuesto una vez más con pasión y renovada vitalidad, y que es el mejor antídoto contra la falta de valores de nuestro tiempo, terreno fértil para toda forma de extremismo».